Robos indiscriminados o selectivos.

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¿Por qué me ha tocado a mí?

Esta es la primera pregunta que suele hacerse quienes han sido víctima de un robo en su vivienda.

Un tema que está en la mente de mucha gente y que lleva a conclusiones erróneas a la mayoría, es si LOS ROBOS MAYORITARIOS EN VIVIENDAS SON SELECTIVOS O INDISCRIMINADOS.

La conclusión a la que llegan todos los estudios es que son, salvo raras excepciones, INDISCRIMINADOS.

Los ladrones no investigan a su víctima ni actúan con una expectativa de botín determinada, sino que se mueven rápido y de forma arbitraria por todo el territorio nacional (y europeo) en busca de pequeños botines diarios, de muchos pequeños botines diarios, de dinero en metálico y oro en su mayoría.

Para ellos se trata de no asumir riesgos permaneciendo poco tiempo en la escena del robo y para ello detectan sobre la marcha y atacan las viviendas más vulnerables, que no siempre corresponden con las más humildes. No hay una correspondencia clara a ese respecto.

 

Esto podría parecernos poco relevante en principio, pero no lo es porque debería afectar a nuestra forma de protegernos y, sobre todo, a nuestra forma de afrontar el riesgo al robo: “ yo, como no tengo nada de valor, qué me van a robar??” o “si pongo una cerradura mejor parecerá que tengo mucho que guardar…” o “ponga lo que ponga, si se empeñan, entrarán” son algunas de las frases que más oímos y que mejor plasman nuestros errores a la hora de valorar los riesgos y, por lo tanto, de adoptar las soluciones.

Proteger nuestra casa es proteger a los nuestros y nuestro patrimonio sentimental además del material.

Proteger nuestra casa es dotarnos de un entorno más adecuado para estar tranquilos y evitar sensaciones de inseguridad que producen estress y otros efectos nocivos en nuestra salud.

Proteger nuestra casa es, en resumen, nuestra obligación y una de las mejores inversiones que podemos hacer para mejorar nuestra calidad de vida.

Existen muchas vías para hacerlo, muchas acciones que podemos valorar, la mayoría de ellas dirigidas hacia nuestras costumbres y hábitos diarios, sin desembolso alguno. Y para ello es fundamental dejarse asesorar y reflexionar sobre las necesidades que uno tiene para, finalmente, tomar las decisiones correctas.

 

 

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